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REGLAS PARA EL INTERROGATORIO SEGÚN “EL ARTE DE LA DUDA” DE GIANRICO CAROFIGLIO

  • Foto del escritor: Estilo Jurista
    Estilo Jurista
  • 8 nov 2019
  • 3 Min. de lectura


Nacido 1961, en Bari, Italia, Gianrico Carofiglio es magistrado de profesión. Trabajó durante años como procurador antimafia de su provincia y participó en numerosos y significativos casos contra el crimen organizado, la corrupción, la prostitución y la esclavitud sexual.


Su obra El arte de la duda, presenta prácticos consejos que resultan imprescindibles a la hora de realizar un interrogatorio. Además, dentro del prólogo, se encuentra el siguiente relato:


Un hombre estaba acusado del delito de lesiones porque en el curso de una pelea había mordido a su adversario en la oreja y le había arrancado un trozo. Ya el fiscal había interrogado al testigo principal de la acusación, que presenció el altercado, y ahora tocaba al defensor interrogarle a su vez para intentar poner en duda la fiabilidad de su relato.

Abogado: Así pues, ¿afirma usted que mi cliente le arrancó la oreja al ofendido?

Testigo: Sí.

Abogado: ¿A qué distancia de la pelea se encontraba usted?

Testigo: A unos veinte metros, o puede que algo más.

Abogado: ¿Qué hora era, más o menos?

Testigo: Las nueve de la noche.

Abogado: Y ustedes estaban fuera, en el aparcamiento del supermercado, ¿es exacto?

Testigo: Sí, exacto.

Abogado: ¿El aparcamiento estaba bien iluminado?

Testigo: No mucho.

Abogado: ¿Podemos decir que sucedió todo medio a oscuras?

Testigo: Pues sí, algo así, vamos, que no había mucha luz.

Abogado: En tal caso, permítame usted recapitular: los hechos ocurrieron a las nueve de la noche, en un aparcamiento mal iluminado, y usted se encontraba a más de veinte metros del lugar preciso donde se estaba desarrollando la pelea. ¿Es exacto?

Testigo: Exacto.

Abogado: ¿Y pretende usted hacernos creer que en esas condiciones le fue posible ver cómo mi cliente le arrancaba a su adversario un pedacito de la oreja?

Testigo: Pero es que yo no le vi arrancárselo...

Abogado: Entonces, ¿cómo sostiene usted que...?

Testigo: ... yo lo que vi fue cómo luego lo escupía.


Ahora bien, la obra de Carofiglio puede resumirse en dieciséis reglas:

  1. La primera condición para interrogar bien es prepararse bien.

  2. No proceda a efectuar un contrainterrogatorio si no existen perspectivas de obtener un resultado útil, esto es, si no hay nada que ganar en términos probatorios.

  3. El contrainterrogatorio procese si se puede obtener alguno de estos resultados: limitar los efectos negativos del interrogatorio directo; invalidar el testimonio atacando la fiabilidad del testigo; anular el resultado del interrogatorio directo, la fiabilidad del relato.

  4. Interrogue con un objetivo claro y preciso.

  5. Interrogue sobre la base de un buen conocimiento de la situación: del sujeto a interrogar, de la impresión que ha causado en los jueces, etcétera.

  6. Elija la modalidad de interrogatorio a utilizar tras considerar el probable efecto psicológico que pueda causar en los jueces.

  7. Evite que durante el interrogatorio se generen las condiciones para un enfrentamiento directo entre interrogado e interrogador.

  8. Evite ante todo que el interrogatorio se desarrolle de manera que pueda tener efectos negativos para la posición del interrogador.

  9. Interrogue con cortesía. Solo es lícito destruir la imagen del interrogado si ha mentido, pero no si se trata de un testigo falso involuntario.

  10. En todo caso, no trate nunca con agresividad a un testigo desfavorable, a no ser que disponga de datos que le permitan demostrar que está mintiendo o que su relato es erróneo.

  11. Extreme el cuidado en el caso de sujetos débiles, como niños o ancianos.

  12. No haga comentarios sarcásticos. Ya en contra del deber de cortesía y no causará buena impresión en los jueces.

  13. Planifique la secuencia de las preguntas siguiendo el esquema de una argumentación, de modo tal que cada pregunta constituya un paso en el desarrollo progresivo de la argumentación completa.

  14. No hagas preguntas arriesgadas, esto es, preguntas que podrían llevar a una respuesta gravemente perjudicial para los intereses del interrogador.

  15. No formule nunca preguntas de importancia crucial cuya respuesta no conozca o no pueda prever por pura lógica.

  16. Si con todo, se ve en la necesidad de hacer una pregunta arriesgada, minimice sus posibles efectos adversos. Esto se puede lograr planificando bien la secuencia de las peguntas; planteando las preguntas (sobre todo si se trata de interrogatorios a expertos) en tono neutro y sin agresividad; o abandonando la línea de preguntas una vez advierta que una de ellas ha sido contestada en forma contraria a sus intereses.

  17. Cese de interrogar en el momento en que haya obtenido el objetivo que perseguía.

Juristas, esperamos este artículo sea de su agrado y contribuya a la formación profesional de todos los abogados y estudiantes de derecho que siguen nuestra página. Agradecemos sus comentarios y sugerencias para crecer y mejorar dentro de la comunidad de Estilo Jurista.


Basado en nota de handbook.es

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